De peluche, un osito de peluche,
un pedazo de madera,
y un barquito de papel.
Un raro dibujo,
del cual,
un espantapájaros imaginé,
Y un juego escondido,
que jamás entendí.
Fichitas redondeadas,
blancas y negras en un rincón,
un muñeco de trapo,
y un inmenso ratón.
En todas partes pequeñas cosas,
y una caja olvidada,
frente a un libro,
de cuentos digo yo.
Y el barquito navegaba,
en un enorme mar de cartón.
Un montón de cubitos,
aglomerados sobre una alfombra.
Dos monedas a los lados,
a los lados dos.
Dos mundos que transcurren,
uno, de papel y cartón,
y el otro que no importa,
porque carece de... sueños.
Sutilezas, pequeñas sutilezas,
de niños que juegan, y corren riéndose,
entre nubes de algodón.
Y los sueños,
que de niños, alimenta nuestra imaginación.
Se van desvaneciendo,
día a día
al nacer el sol.
Los sueños que a veces,
parecemos poder tocar,
y mueren de prisa,
al enfrentar la realidad.
Son los mismos,
que jugando,
tantas veces realicé,
y al pasar el tiempo,
con mis sueños me quedé,
y enfrenté, un mundo nuevo.
A un mundo que se ríe,
de los sueños del ayer.
Caminé por muchas partes,
y a mil sueños encontré,
y esas fábulas se quiebran,
siempre al amanecer,
porque el mundo se está riendo,
de los sueños del ayer.
Y los mundos de sueños desaparecen,
qué triste es.
De peluche, un osito de peluche,
un pedazo de madera,
y un barquito de papel.
Un raro dibujo,
del cual,
un espantapájaros imaginé,
y un juego escondido,
que jamás entendí.
Fichitas redondeadas,
blancas y negras en un rincón,
un muñeco de trapo,
y un inmenso ratón.
Los sueños, sueños son,
dejarlos que vivan,
en un mundo de papel y cartón.
¿Para qué quebrarlos?
Día a día con el sol.
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