Iba como loco
buscándote entre esos
callejones enredados de Zürich
Mientras la nieve
caía en copos
y me tocaba mis caras
te seguí por una callecita
empedrada, me acerqué a vos mirándote,
te toqué la espalda y no eras tú.
Te busqué en el silencio de ese reloj mudo
y con frío,
que tirita las agujas blancas, en sus espacios
nocturnos.
Recorrí mis venas circulándome el interior,
hacia mis lados
te ví mansa ahí en mí y me fuí.
Como volado, caminando sobre el agua,
haciendo el lago, sobre un neutrón
concéntrico
del copo izquierdo
de un pedazo de nieve
que nos toca.
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