miércoles, 1 de agosto de 2007

MALVIN II de Fernando Estevez Griego, 1985 Zurich, Suiza

Respiran

En las penumbras

olvidadas de mis calles,

atravesadas en las células de sus hojas

por la luz insistente del mercurio

como la música constante de un piano

que no quiere dormir,

unas plantas pequeñas

que carecen de flores.

Duermen en las veredas

tendidas como un borracho

que cayó cansado en el suelo

con un bolsillo repleto de neurosis

y un boleto de vuelta

para vestirse de gris en la oficina.

Llevaba una banderita de basta

colgada en el cuello

y un pedido de socorro en los ojos

ocultos tras los lentes

empañados por la lluvia.

Entre el silencio tenue

del compás húmedo

que habitan tus calles

con gusto a invierno

en cada neutrón que asoma

tras los árboles

con un montón de ojos que miran

para confluir en los átomos alocados

al paso de los trolleys

que se pierden hacia la rambla.

Es mía

mis gaviotas

en cada pluma libre que despide vida.

Me encontré en una de las esquinas

en que solía esperarme

ese loco que creía en la bohemia

con bufanda larga enredada en la cintura

y un sombrero alado, cómico.

Aglomeración de cosas

que enfocan ese Angulo

que se transita

en el que cambian de rumbo las baldosas

y se pierden de sentido sus cuadrados

simétricos en diagonales pasos.

Estaba

de la mano de ella pisándote Malvín

y me quedé colgado

de la punta izquierda de una estrella

que te mira con cara de reloj y esperando.

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