Respiran
En las penumbras
olvidadas de mis calles,
atravesadas en las células de sus hojas
por la luz insistente del mercurio
como la música constante de un piano
que no quiere dormir,
unas plantas pequeñas
que carecen de flores.
Duermen en las veredas
tendidas como un borracho
que cayó cansado en el suelo
con un bolsillo repleto de neurosis
y un boleto de vuelta
para vestirse de gris en la oficina.
Llevaba una banderita de basta
colgada en el cuello
y un pedido de socorro en los ojos
ocultos tras los lentes
empañados por la lluvia.
Entre el silencio tenue
del compás húmedo
que habitan tus calles
con gusto a invierno
en cada neutrón que asoma
tras los árboles
con un montón de ojos que miran
para confluir en los átomos alocados
al paso de los trolleys
que se pierden hacia la rambla.
Es mía
mis gaviotas
en cada pluma libre que despide vida.
Me encontré en una de las esquinas
en que solía esperarme
ese loco que creía en la bohemia
con bufanda larga enredada en la cintura
y un sombrero alado, cómico.
Aglomeración de cosas
que enfocan ese Angulo
que se transita
en el que cambian de rumbo las baldosas
y se pierden de sentido sus cuadrados
simétricos en diagonales pasos.
Estaba
de la mano de ella pisándote Malvín
y me quedé colgado
de la punta izquierda de una estrella
que te mira con cara de reloj y esperando.
miércoles, 1 de agosto de 2007
MALVIN II de Fernando Estevez Griego, 1985 Zurich, Suiza
Etiquetas:
fernando estevez griego,
swami maitreyananda
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